Los radicalismos ideológicos han salido a la luz con toda intensidad, tanto de la extrema derecha, como de la extrema izquierda, aunque el candidato Humala, intente desligarse de sus relaciones con el Presidente Venezolano para evitar la merma en las encuestas.
Hace algunos días, el Diario La Vanguardia de Barcelona , preguntó al Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, acerca de los candidatos presidenciales que se medían en la contienda electoral de su País, de lo que prometían y por sobre todo, lo que representaban a través de sus propuestas, vale decir, ilusorias, reales, ejecutables o demagógicas. Su conclusión fue que existía en Perú una extrema izquierda enfrentada a una extrema derecha y un centro dividido, cuyos candidatos, al tomar distintos caminos, debilitaron su opción ganadora.
Ollanta Humala, aunque para recuperarse en las encuestas electorales ha llamado tímidamente dictador a Hugo Chávez, tratando de deslindarse de sus apoyos y consejos ideológicos, no ha logrado convencer de los presuntos apuntalamientos financieros para remontar las adversidades numéricas y colocarse en primer lugar como contendiente. Sin embargo, su marco de referencia política es prometer la distribución de la riqueza para todos, que el reparto de la renta sea justa y equitativa, considerando especialmente a las etnias indígenas, con serias dificultades en cuanto a su colocación y consideración en el ámbito social peruano. Naturalmente, que todo esto tiene que venir acompañado de un enemigo común (como lo hace Chávez y todas las culpas que arroja al "Imperio"), porque la receta castro comunista es inexorable, todo sin prisa pero sin pausa. Primero engaño, luego reprimo.
Si Ollanta Humala hablara en este momento del sistema comunista que pretende implantar, caería abruptamente su popularidad en un momento crítico, electoralmente hablando, entonces, tal como lo hizo su homólogo y mentor, Hugo Chávez, modera al máximo su discurso para no "distorsionar" demasiado su norte, como si los inversionistas no le verían venir.
En cuanto a Keiko Fujimori, representante de la extrema derecha, recordamos la oprobiosa actuación de Vladimiro Montesinos, cuando invitaba a parlamentarios peruanos a su apartamento para sobornarlos, escondiendo una Cámara detrás de un espejo, las persecuciones, el espionaje, la soberbia y un halo progresista que el Mandatario entendió así, a su manera para apartar el estamento político de toda influencia no "democrática y plural" a la ideología peruana. Todos recordamos que el gobierno del "Chino" (como lo llaman en Perú), le valió un juicio, con posterioridad a su mandato presidencial, y luego de un lago exilio en Japón. Entonces, inferimos, que Keiko, no contaría con apoyos renovados para la labor política que se ha propuesto, sino con los inquilinos burocráticos que conformaron y ayudaron al establecimiento de su Padre como ex presidente peruano (Gabinete Ejecutivo).
De nada valió el esfuerzo del actual Presidente, Alan García por bajar la inflación y mejorar ostensiblemente la economía peruana, cuando el 30% de los peruanos carece de agua potable o de un empleo digno. Pero ante la crisis, se impone la voluntad de recortar distanciamientos. El propio ex presidente Fujimori, ha manifestado la necesidad de convocar a los partidos políticos para dialogar y encontrar coincidencias. Por su parte, Ollanta Humala ha manifestado estar dispuesto a "hacer muchas concesiones por la unidad de Perú". Nos preguntamos, si no son simples declaraciones rimbombantes, si habrán comprendido los políticos en general, que sólo con el consenso de voluntades y la humildad ante la crítica, se materializan los gobiernos eficaces?


